miércoles, 18 de octubre de 2017

Harvey Weinstein y las consecuencias de dudar por sistema de las víctimas




La entrada de hoy es algo así como un complemento actualizado de la anterior, porque el momento lo pide, y el paralelismo entre ambas situaciones es evidente.

Y es que estos días el mundo ha descubierto que Harvey Weistein, cofundador de la productora Miramax, llevaba décadas utilizando su posición de poder para intimidar, abusar y tratar de conseguir favores sexuales de decenas de mujeres del mundo del espectáculo. Ha sido como quitar la anilla de una botella de refresco agitada: después de la primera oleada de acusaciones de la que se hacían eco The New York Times y The New Yorker, otras muchas mujeres han empezado a dar su testimonio, y ahora descubrimos que muchísimas actrices que todos conocemos habían pasado por trances parecidos con Weinstein. Desde luego, su comportamiento era algo a todas luces recurrente. ¿Y cómo es que nos venimos todos a enterar ahora? Pues ahí está el quid de la cuestión, y de eso quiero hablar en la entrada de hoy.

En realidad ya había habido unas cuantas insinuaciones, por no decir acusaciones, desde hacía años. Están recopiladas en esta entrada de la Wikipedia, y la verdad resulta impactante ver que esto, en el mundillo de Hollywood, era en realidad un secreto a voces. Gwyneth Paltrow dejó el texto entre líneas muy claro ("Weisntein te coaccionará para que hagas alguna cosa"), la malvada Courtney Love lo dijo más claro todavía ("Si Weinstein os invita a una fiesta privada en el Four Seasons, no vayáis"), y más recientemente, en 2013 el humorista y guionista Seth McFarlane hizo una broma de significado bastante evidente en una entrega de premios ("Felicidades, vosotras cinco ya no tendréis que fingir que os atrae Harvey Weinstein"). Al parecer fue su pequeña venganza en nombre de una amiga suya. La broma además tiene su miga, porque incluso si la entendemos como una ironía sobre el cliché del productor que abusa de sus inferiores, queda claro que como sociedad tenemos asumido que estas cosas pasan. Pero no fue hasta ahora, en 2017, que la verdad se ha destapado completamente, y Weinstein empieza a pagar por el daño que ha hecho. Años y años de abusos, y no pasaba nada. ¿Qué ocurría?

Ocurrían dos cosas: que Harvey Weinstein era un hombre poderoso, el tiburón de la piscina, básicamente, y que en nuestra sociedad, cuando una mujer acusa a un hombre de abusos o maltrato, casi la primera reacción es dudar de su palabra. Nos escandalizamos cuando escuchamos que en tal cultura el testimonio de un hombre vale por el de dos mujeres, pero ¿sabéis qué? En Occidente, aunque no esté escrito en ninguna ley, de facto hacemos eso mismo. A menos que, como en el caso de Weinstein, haya varias o incluso muchas acusaciones, lo primero que hacemos es dudar de esa mujer, y la tachamos de cazarecompensas o desequilibrada. Ya una vez vemos que son varias las que acusan, y que sus testimonios básicamente concuerdan, es cuando decimos, ah, pues mira, parece que el río agua lleva...

Sin embargo, seguiremos escuchando la típica defensa de que muchas mujeres denuncian sólo para conseguir dinero y beneficios, como si esta situación fuese la más típica, y no la excepción. ¿Y todavía nos extraña que el escándalo de Weinstein haya tardado tanto tiempo en saltar a los medios? Ante el panorama de que si una mujer denuncia la van a acusar de mentirosa e interesada, y también muy posiblemente que le hagan el vacío profesional y personal, o traten de silenciarla, no es nada raro que al final las víctimas traten simplemente de escapar de la situación en silencio y por su cuenta.

Como en el caso de Zebenzuí González, lo que ha ocurrido es un síntoma más de una tendencia social fuertemente arraigada. En esta ocasión, Harvey Weinstein ya está señalado y fuera de Miramax y con suerte ninguna mujer más deberá sufrir ningún abuso ni coacción por su parte. Pero la pregunta es, ¿estamos aprendiendo algo de este caso, o vamos a seguir igual?

lunes, 18 de septiembre de 2017

¿Qué opina la sociedad de Zebenzuí González?


Si quieres saber lo que piensa alguien de algo, fíjate en lo que hace y no en lo que dice. Respecto a Zebenzuí González, el concejal del PSOE de La Laguna que pedía sexo a chicas a cambio de ayudar a ascender en sus carreras políticas, si ves la tele y lees los periódicos, el mensaje oficial que queda claro es de repulsa: lo que hacía es inmoral, esto es una muestra más del machismo que impera en nuestra sociedad, etc. Y estoy de acuerdo, claro. Pero, ¿son estas opiniones tan correctas y razonables las que reflejan el sentir de toda la población?

La sociedad es algo así como un gran edificio de oficinas. Diferentes empleados de diferentes departamentos cooperan y se cruzan diariamente; se dan los buenos días y se preguntan por su salud, la familia o las vacaciones. La gente suele procurar no entrar en discusiones muy serias, y la mayoría moderan sus opiniones para no crear excesivos conflictos.

Hasta que entran en el baño y cierran la puerta.



La puerta del baño lo soporta todo, y es por eso que en ella está la verdad. Ahí están los símbolos nazis, los teléfonos con proposiciones que no se harían al cruzarse por el pasillo, los mensajes políticos sin medias tintas, los insultos xenófobos y homófobos. En el baño la gente se quita la máscara.

Los chistes en general y los memes en particular son el "baño" virtual de la sociedad. En ellos, y no en las columnas de opinión y en las declaraciones públicas, es donde vas a ver lo que de verdad siente la gente. ¿Y qué nos dicen los memes de la opinión pública sobre Zebenzuí González? Pues básicamente es un "choca esos cinco, machote" virtual. Es posible (?) que los actos de Zebenzuí sean un caso aislado, y la mayoría de mujeres que trabajan en política hayan llegado hasta ahí gracias sus méritos profesionales, pero aún siendo así, lo preocupante del caso es que, aunque oficialmente se le esté castigando, en secreto les estamos dando una palmada en la espalda y mostrándole nuestra admiración por haberse logrado tirar a todas las tías que ha podido gracias a su posición jerárquica. Lo ocurrido es lamentable, pero es la reacción que estamos demostrando a través de nuestros chistes lo que me parece más preocupante y más significativo por lo que revela del machismo sistemático enraizado en nuestra cultura.


 En esta ocasión, un despiste del concejal ha permitido que se descubriera el pastel, pero en muchas otras ocasiones en las que no ha sido posible demostrar los hechos, se da un fenómeno, y es que si una chica denuncia, de inmediato se duda de su palabra y muchos automáticamente asumen que la chica en cuestión pretende hundir al empresario, director de cine, productor musical, etc. y que son todo mentiras malintencionadas. Sólo cuando ocurre algo como lo de este caso, o cuando empiezan a atreverse a hablar más y más víctimas, se empieza a dar credibilidad a la acusación, lo cual refleja con bastante claridad la desigualdad existente a la hora de denunciar los abusos.

jueves, 31 de agosto de 2017

La importancia de la representación


Este mes la revista CINEMANÍA publicó un especial desglosando las que consideraban las 100 mejores series de los últimos años. El artículo no sólo abarcaba estos últimos quince años, esos que aproximadamente se tienen en consideración cuando se habla de la "época dorada de las series", sino que iba unas cuantas décadas atrás, incluso con alguna de los 50, como I Love Lucy. Repasando la lista, me volvieron a la memoria varias que tenía enterradas en lo más recóndito de mi mente; esas series que pese a su calidad no han dejado tanta ipronta en la cultura y en las que jamás volverías a pensar de no ser por reportajes como este. Y junto con estos recuerdos, me vinieron también emociones asociadas a épocas pasadas, concretamente a mi infancia y adolescencia en los 80 y 90. En como en aquellas épocas, de manera más bien poco consciente, buscaba en vano algo muy importante para todos: sentirme representado.

Y digo en vano porque en aquellos años, la presencia LGTB en la ficción que consumíamos era muy reducida, y cuando la había, no ocupaba un papel muy digno, y se limitaba a amiguitos gays sin apenas trama propia, a transexuales cómicas, a potenciales lesbianas no confirmadas, a... no, los bisexuales directamente diría que eran inexistentes en la pequeña y la gran pantalla, prácticamente igual que ahora.

En Melrose Place todos practicaban mucho la dieta del cucurucho... Excepto Matt.

Si eres heterosexual, es muy posible que jamás te hayas planteado el tema del que hablo, y quizás pienses que no hay para tanto, que para qué necesitamos meter con calzador a algún personaje no heterosexual en todas las series, o incluso por qué son neesarias series cuyos protagonistas principales sean todos gays o lesbianas. Para entender de lo que hablo es necesario un pequeño ejercicio de empatía. Cuando el mundo constantemente te ha ofrecido o te ofrece narrativas en las que personajes que viven las mismas o parecidas vivencias que tú, esa necesidad de la que hablo no la habrás sentido nunca, porque desde siempre te ha sido saciada, y precisamente por haber sido saciada tan completamente ni siquiera sabrás que existe. Las historias de amor heterosexual son respresentadas en todas sus miles de detalles y versiones, y tanto si te has sentido como la animadora, el capitán del equipo, el friki, la marginada (tanto si acaba siendo guapa como si acaba quemando el instituto con su telekinesia), el aventurero, la graciosa, el intelectual, la tímida... has podido verte reflejado en una de las miles de series y películas que se han hecho sobre ti.

Sin embargo, mi yo de los 80 y sobre todo los 90, cuando la sexualidad comenzaba a burbujear inquietantemente por su cuerpo, buscaba en vano algún personaje gay con el que identificarse. Uno que me hiciera saber que era normal, que no me pasaba nada raro y que podría aspirar a tener una vida sentimental y sexual igual que el resto de mis compis de clase. Lo que no se ve no existe, y no hay nada más angustioso para un adolescente que sentirse raro y sin referentes. Recuerdo observar con lupa a determinados personajes en los que ponía esperanzas, y cómo casi siempre esos deseos se veían chafados cuando finalmente los guionistas se sacaban de la manga una novia para ellos, o bien quedaban en un frustrante limbo sentimental. Para los que leáis cómics de superhéroes, recuerdo de manera especialmente vívida una subtrama en los 90 de Estrella Rota, de X-Force, donde el guionista Jeph Loeb comenzó a insinuar de manera bastante obvia que el superhéroe era gay y estaba enamorado de Ríctor, un compañero ausente del grupo en aquella época. Y recuerdo cómo al final el cómic pasó a manos de otro equipo creativo, y la subtrama, para gran decepción mía, quedó abortada... hasta un puñado de años después, donde por fin el guionista Peter David pudo recuperarla y rematarla como merecía. Pero para entonces yo ya no era adolescente, y el momento donde más habría necesitado ese beso de los dos superhéroes ya había pasado (aún así, fue una alegría y un pequeño milagro).


En la lista de mejores series de CINEMANÍA que mencionaba al principio, si hacemos un repaso cronológico, es fácil comprobar que con el paso de los años el número de personajes LGBT ha ido aumentando, y hasta sale reseñada la icónica Queer As Folk. Así que la cosa sin duda ha ido yendo a mejor, y los adolescentes y niños de hoy en día afortunadamente pueden mirar hacia sus teles, ordenadores, tablets o móviles, y ver cómo estos les devuelven la mirada con algún personaje con el que sentirse identificados y validados. Ahora la ficción también es un espejo para ellos. No todas las realidades están igual de representadas, y me pregunto cómo se sentirán los niños transexuales, porque así, a bote pronto, sólo recuerdo a secundarios sórdidos en series de crímenes, secundarios cómicos, secundarios a secas... Sí, hay un puñado de pelis de renombre sobre transexuales, como La chica danesa o Dallas Buyers Club, y está la serie Transparent, pero están protagonizadas por hombres cisgénero, y no sé tú, pero yo me sentiría un poco estafado, aunque las intenciones sean buenas. Y es que hablar de un colectivo, pero sin contar con su presencia en la historia, es quedarse a medias, ¿no?

miércoles, 9 de agosto de 2017

Sansa Stark y la fuerza interior


Ya sabemos que en esta serie uno no puede encariñarse con nadie. Que me lo digan a mí, que nunca podré perdonarle a George R.R. Martin y/o a los guionistas lo que le hicieron a Oberyn Martell y a Shireen... pero qué le vamos a hacer: Sansa es mi personaje favorito, y me gustaría verla llegar sana y salva al último capítulo de esta sangrienta saga. Miedo me da lo que pueda pasar con ella en la actual temporada de Juego de Tronos. Y es que me temo que a nivel temático, su arco como personaje básicamente se completó al final de la temporada pasada.

En una serie tan llena de personajes femeninos fuertes y carismáticas, Sansa no suele ser muy popular entre el público. A primera vista es difícil quedarse con ella, estando una Daenerys que libera esclavos y cabalga dragones, una Arya que siendo aún una niña ha despachado ya a varios enemigos, o Brienne que, en fin, qué puedo decir de la maravillosa Brienne (insertar aquí emoticonos de ojos en forma de corazón). ¿Que ha hecho Sansa?, se preguntarán muchos. ¿Rebotar de las garras de un psicópata a otro cual pelota de tenis? ¿Ser obligada a casarse? ¿Ser violada? ¿Coser bien?

"La mía dura mucho más que la del Primark"

En la actualidad, tenemos a un montón de personajes femeninos fuertes en las obras de ficción que consumimos, y en este mismo blog he hablado de ellas varias veces. Guerreras capaces de enfrentarse al mal de tú a tú, que son el centro de sus series y películas y jamás ejercen el papel de damisela en apuros que tantas veces le ha tocado a Sansa. Me parece genial que esto sea así, y ese tipo de personajes me suelen encantar. Sin embargo, esta "fuerza" en ocasiones puede ser un tanto monocorde, y a veces estas mujeres acaban reducidas a un cierto arquetipo. Parece que la única forma de ser fuerte es dar patadas voladoras, blandir espadas y pegar tiros. Si lo miramos así, Sansa es sin duda muy débil.

Sin embargo, existen otras maneras menos vistosas y más íntimas de ser fuerte, y siento que es ahí donde Sansa brilla. Donde los hermanos Stark eran genios de la lucha, como Jon, Robb o Arya, o han ido adquiriendo capacidades sobrenaturales, como Bran, y han sido ayudados en diferentes momentos por numerosos aliados y amigos, Sansa se ha visto completamente desamparada (con la excepción notable del Perro), rodeada de verdaderos monstruos y desde luego sin ninguna capacidad de combate. ¿Qué le ha permitido llegar viva hasta la temporada siete? Su resiliencia. En una situación que habría llevado al suicidio a más de uno, Sansa se ha encogido y replegado en su interior como una espora; se ha dedicado a ver, callar y aprender de los múltiples psicópatas que la han rodeado. Durante años ha caminado por una fina cuerda floja, y su capacidad para resistir el sufrimiento psicológico sin derrumbarse y no hablar más de lo necesario la han llevado a donde está hoy.

"Sí, tú ríete, que ya verás luego"
 
Y es que todo ese tiempo en compañía de monstruos no lo ha pasado en balde, y así, cuando llega el momento de entrar en guerra con Ramsay Bolton, es la astucia y el conocimiento de Sansa las que salvan el día. Cuando Jon, que en ese sentido es muy Stark, en su noble inocencia trata de salvar a Rickon, no se da cuenta de que que está cayendo de lleno en la trampa de Ramsay, que explota cruelmente esa nobleza. Pero Sansa ha tenido tiempo de conocerle muy bien, y anticipándose a su manipulación, hace caer a su vez a Ramsay en una trampa aún mayor. Y es con la muerte de Ramsay y su ascenso a co-líder junto a Jon, como Sansa, que ya no es una florecilla asustada sino una mujer astuta y capaz, completa su arco argumental como personaje, lo que me hace temer por su futuro como decía al principio de la entrada.

A lo largo de todas las situaciones espantosas que ha vivido y pese a su contacto con monstruos, Sansa ha demostrado su forma de ser fuerte de otra manera: conservando su bondad y decencia como persona. Habría sido muy fácil que se convirtiera en una nueva Cersei: inhumana, y carcomida por el rencor y el deseo de venganza. Pero Sansa, aunque ahora sea capaz de soltarle los perros hambrientos a Ramsay, sigue siendo compasiva y buena persona, y sin duda creo que sería una excelente reina de Poniente: una con más autocontrol que la bienintencionada pero colérica Daenerys, y con menos inocencia que el bueno de Jon.

miércoles, 19 de julio de 2017

¿Qué pasa con la homosexualidad en el deporte?


 En este blog he hablado muchas veces de cómo el mundo del arte (el popular, específicamente) ha ido dando pasos agigantados hacia la visibilidad y la libertad del colectivo LGBT. Hemos visto cómo pasábamos del secundario mariquita que sólo estaba ahí para hacerte reír, a protagonistas con películas dedicadas íntegramente a ellos, con toda la seriedad y profundidad que hasta entonces sólo los personajes heterosexuales habían merecido. Cada día se publican más novelas protagonizadas por minorías sexuales. En los cómics la temática LGBT es casi ya un subgénero, y hasta en los tebeos superheroicos, uno de los bastiones principales de la masculinidad tradicional, el número de personajes gays y lesbianas que luchan contra el mal ha vivido un boom desde los 2000 hasta ahora. En la música ya se empieza a perder la cuenta de los artistas que salen del armario, y ya no sólo los del mudo del pop más discotequero, un género tradicionalmente abierto a la libertad. Han surgido algunas convenciones de videojuegos en torno a la comunidad LGBT. Tenemos un puñado (puñadito) de políticos, presentadores, actores que han salido del armario. ¡Incluso la policía ha creado una unidad específica contra los delitos de odio y este año tuvimos su primera carroza en el Orgullo de Madid!

Y de repente, volvemos la vista hacia el mundo del deporte. Y entonces pasa una de esas bolas del desierto.

El mundo del arte y el ocio está muy bien y es importantísimo para la sociedad. Pero seamos sinceros: a la hora de cohesionar, paralizar y marcar el ritmo de un país, es el deporte el que corta el bacalao. Los calles y los cines se vacían cuando hay un partido importante. Los presidentes, tan reticentes a acudir a según que actos, están ahí como un clavo en la tribuna VIP de los encuentros importantes. Los deportistas de élite protagonizan anuncios de seguros, yogures y lo que se tercie pese a las limitadas dotes actorales de muchos. Todos recordamos aquella riada roja que cubrió toda España cuando la Selección gano el Mundial. ¿Alguien ha visto una manifestación remotamente igual de masiva para protestar por la degradación de las condiciones laborales? ¿El día que alguien invente una cura contra el cáncer veremos por la tele a hordas de gente llorando y subiéndose a estatuas? No, está claro que el deporte, en particualar el fútbol en el caso de España, está en el corazón de la sociedad, y marca su vida de una manera determinante.

Por pura estadística, sabemos que tiene que haber un buen número de deportistas LGBT por ahí metidos. Si hablamos de fútbol masculino, el rey del mambo, ¿de verdad me vas a decir que en cinco divisiones, cada una de ellas con decenas de equipos, cada uno de ellos con decenas de jugadores, ninguno es gay? Si sacamos la lupa y miramos más de cerca, alguna cosa nos encontraremos.

Víctor Rodríguez

Por ejemplo, hace unas semanas, El Intermedio entrevistó a la policía lesbiana Elena Sánchez y al waterpolista gay Víctor Rodríguez. Ambos hablaban de la necesidad de visibilidad en sus colectivos. Hasta hace no mucho tuvimos a un árbitro abiertamente gay. La experiencia del waterpolista no es mala, y según explica le han juzgado por su capacidad como deportista, como tiene que ser. No puede lamentablememe decir lo mismo Jesús Tomillero, ex árbitro que tuvo que dejar la profesión por las situaciones que tuvo que vivir, en particular cuando un hincha de dedicó un insulto homofóbico y los demás asistentes en las gradas... se rieron. Así está el nivel. 

En una nota un un poco más positiva, en 2015 el Rayo Vallecano lanzó una segunda equipación en la que la tradicional franja roja era sustituida por un arcoíris. Los colores representaban cada uno de ellos una causa social, y la franja toda en su conjunto, la lucha por la igualdad de las minorías sexuales. Una bonita idea que además tuvo una cierta resonancia social. A nivel personal recientemente estuve en una fiesta popular de este barrio, y entre la multitud pude ver a más de uno, a día de hoy, dos años después, vistiéndola.

Todo muy bien, pero nos sigue faltando un futbolista gay. Todos los deportistas que quieran seguir la senda de Víctor Rodríguez son más que bienvenidos, pero como ya he dicho, el verdadero nido de avispas lo tenemos en el mundo del fútbol. Sabemos que no será fácil. En Francia hubo un equipo entero conformado por hombres homosexuales, el Paris Foot Gay, que luchaba por la visibilización del colectivo en este mundo tan hostil. Sin embargo, en 2015 se vieron obligados a colgar las botas en vista de la falta de apoyos oficiales, y según sus palabras, la vergüenza de algunos a la hora de tratar el tema.


Poniéndonos en un plan sociológico, las razones por las que la figura del "futbolista gay" sigue siendo inédita son obvias. El deporte, y el fútbol en particular, es el coto privado de la masculinidad más tradicional. Todos los valores tradicionalmente masculinos (la fuerza, la resistencia, la agresividad, la actividad física) encuentran en el fútbol su máxima expresión. Es una guerra (normalmente) sin sangre, y en una guerra no se ve con buenos ojos cualquier síntoma de presunta debilidad. Y ya sabemos que en el corazón de la sociedad sigue viva y coleando esa ecuación que dice básicamente:

 homosexualidad = feminidad = debilidad = inferioridad

Si los homosexuales son femeninos, si la gente con pluma es débil, si la feminidad es señal de todo lo que es rechazable, está claro que un homosexual no tiene lugar en el campo de batalla del terreno de juego.

Martina Navratilova, una auténtica pionera, salió del armario nada menos que en 1981

Estoy convencido de que antes o después, un chico dará el primer paso. Aunque los imbéciles homófobos de turno no lo sabrán apreciar, se tratará de una persona provista de una valentía temenda, pues no será menos la que necesitará para enfrentarse a un estadio cantando y gritando idioteces. Escucharemos incontables comentarios imbéciles, que le juzgarán positiva o negativamente en función de su sexualidad ("pues para ser gay juega bien", "claro, siendo gay no podía jugar muy bien", y todas esas variantes que tanto nos suenan del mundo de del deporte femenino). En fin, será un camino escarpado, y sólo nos queda esperar que con su valor cambie el mundo e inspire a muchas otras personas de dentro y fuera del mundo deportivo.

Para acabar, sólo quiero añadir un enlace al blog La perspectiva Lázaro, de mi compi bloguera Paula Lázaro, que en su última entrada habla precisamente del machismo imperante en el mundo del deporte en un excelente artículo que recomiendo mucho leer para abrir más los ojos sobre este tema.

martes, 27 de junio de 2017

Wonder Woman (2017): hay muchas maneras de cambiar el mundo


 El recorrido que Wonder Woman, la película y el personaje, han trazado hasta llegar a la gran pantalla, ha sido largo y tortuoso. Y es que sobre los hombros de la amazona descansaban un montón de expectativas, posibilidades y responsabilidades. Esto no era solo una película: esto era una apuesta al doble o nada, de cuyo resultado artístico y comercial dependía una importante posibilidad de evolucionar para la cultura y por ello para la sociedad. Tal vez parezca que exagero, pero estoy convencido de ello, y me explico.

La última peli protagonizada por una superheroína de cómic fue Elektra, en 2005. Aquella peli, un spin-off de Daredevil protagonizado por Jennifer Garner, se pegó un importante batacazo comercial y crítico. Corrían malos tiempos para el cine de acción protagonizado por mujeres: Catwoman, Ultraviolet y Aeon Flux, aunque contaban también con actrices de primer nivel, tuveron también resultados flojísimos en la taquilla y en la crítica, y al final el subgénero entró en un largo período de criogenización, sólo interrumpido en parte por la saga de Resident Evil, que al menos a nivel comercial triunfaba, y sobre todo Los Juegos del Hambre, que esta vez sí, sumaba unas críticas bastante postivas a su buen rendimiento en taquilla.

Tengo que reconocer que tengo una cierta debilidad por todas las pelis que menciono ahí arriba (particularmente por Elektra, de la que quizá algún día hablaré), pero aunque les vea sus cualidades positivas, no puedo negar que eran flojas, y en muchos aspectos se notaba la poca fe que los estudios responsables tuvieron en ellas, más allá de poner a una actriz famosa de cabeza de cartel. Directores que en varios casos no se tomaban muy en serio a su personaje, guiones descompensados, falta casi total de respeto a las fuentes de esos personajes.. El fracaso era casi obligatorio.
 
En Wonder Woman, casi se puede palpar, el estudio puso toda la carne en el asador. Empezando con una directora potente (Patty Jenkins, autora de la inolvidable Monster), siguiendo por una protagonista que no era muy famosa (ni tan curvilínea como algunos pensaban que debía ser) pero sí perfecta para encarnar a la amazona, luego por un guión bien dosificado (aunque un tanto largo, la cruz cinematográfica de nuestro tiempo), y acabando por una maquinaria promocional a la altura.

Y el resultado es digno del nombre de la protagonista.




Patty Jekins y Gal Gadot se alejan por completo del sendero del cinismo, las caras serias y los tonos grisáceo-azulados de sus predecesoras, y componen a una superheroína que si por algo destaca es por su bondad, su optimismo, su calor humano, su, en el mejor sentido del término, inocencia. Wonder Woman se mete de cabeza en la Primera Guerra Mundial no porque la obligue a ello un árido sentido del deber, sino porque desea ayudar a la gente, detener la guerra y salvar todas las vidas que pueda.

La película está llena de momentos memorables, destacando esa icónica secuencia en la que Diana se cansa de seguir todo el rato las indicaciones de Steve, se coloca por primera vez su diadema, se quita la capa y sale a campo abierto a cambiar por sí sola el curso de la batalla. Viéndola avanzar por el campo, devolviendo las balas con sus brazaletes y defendiéndose de la artillería con su escudo, entendemos de golpe todo lo que Diana Prince representa, tanto dentro como fuera de la película.

La directora tuvo que luchar para que esta escena no fuese cortada del montaje. De repente se entiende mejor por qué el universo cinematográfico DC iba como iba... 
Las cualidades de Wonder Woman como persona y superheroína nunca dejan de estar presentes a lo largo de la película: tanto la valentía y la fuerza, como su compasión, optimismo y bondad. Y es que desde el principio el personaje fue creado con una idea en mente: representar cómo determinadas cualidades tradicionalmente femeninas y que se percibían como asociadas con la debilidad, podían ser en realidad aquello que la hacía más fuerte y heroica. La directora ha tenido esto en mente durante todo el proceso de creación de la película y podemos verlo incluso en detalles como su forma de luchar: aunque Diana porta una espada, la mayor parte del tiempo se enfrenta a sus enemigos de forma no letal, con puñetazos y patadas, golpes de escudo y con el Lazo de la Verdad. No lucha para matar, sino para conseguir la paz. El contraste con los rascacielos demolidos por Superman en Man Of Steel es abismal...

Para redondear la peli, tenemos unos cuantos secundarios entrañables (destacando a la divertida Etta Candy; y aprovecho el paréntesis para lamentar que no tenga un papel mucho, mucho mayor en la peli), y hasta el obligado personaje masculino que da pie a la subtrama romántica, está escrito e interpretado con acierto, y tiene su propio peso en la trama sin necesidad de eclipsarle o anularle para que la protagonista brille, como tantas veces ocurre en pelis de este estilo cuando se invierten los roles y él es el héroe y ella "la novia".

Otra escena icónica. Esta además dio pie a un hashtag, #WWGotYourBack en el que mujeres y niñas guardan espadas en sus vestidos. Si esto no es un ejemplo de empoderamiento a través de de la cultura que baje dios y lo vea.

Decía al principio que la peli cargaba con un gran peso a sus espaldas, mayor que el que cargan otras pelis de expectativas comerciales similares: Wonder Woman tenía que demostrar que una película de superhéroes protagonizada por una chica y dirigida por una mujer podía triunfar en taquilla. Casi me da vergüenza tener que teclear la frase anterior, pero es que esta ridícula idea estaba de verdad implantada en las mentes de los productores ejecutivos de Hollywood (para muestra, un botón: cuando rodó esta peli, Patty Jenkins no firmó un contrato que la atase a una secuela, como ocurre habitualmente con este tipo de películas, lo que muestra que los productores, pesea todo, no las tenían todas consigo). Wonder Woman ha pulverizado este prejuicio, y sólo nos queda esperar que el ejemplo cale, y la idea quede desterrada ya para siempre.

Este artículo va dedicado a Pedro y Marina. Ojalá hubiésemos podido estar juntos para verla. 

sábado, 10 de junio de 2017

El friendzoning, o por qué las chicas (supuestamente) deben "corresponder"



Si hay un barómetro sociológico infalible y al alcance de casi todos, son los memes que nos llegan a través del WhatsApp. Muchas veces he sabido si en mi ciudad natal hay una ola de calor, o si ha ocurrido cualquier acontecimiento curioso, por la remesa de memes que me han llegado respecto a ese asunto antes que por las noticias. Y luego están otros chistes que no hacen referencia a sucesos tan específicos o recientes, sino a cosas más generales, como tendencias, conceptos que se ponen de moda... Desde hace unos añitos, tenemos el caso que me ocupa hoy: ese concepto denominado friendzoning.

En realidad, aunque la palabra sea más o menos nueva (y esté en inglés, of course), el concepto al que alude el friendzoning es algo más viejo que el hambre: que la persona que te guste te diga que sólo quiere ser tu amigo. Y aquí yo pongo "la persona", pero la realidad, si vamos a ser francos, es que en los chistes que me llegan, y que se pueden ver en una simple búsqueda en Google, el punto de vista siempre es de un chico al que le gusta una chica (preferentemente buenorra nivel 100), y esta, la muy zorra, solo le ve como un amigo. Puntos extra si el chico tiene acné o pinta de friki de Star Wars, por ejemplo.
 
Mi problema con el friendzoning es que le veo un buen puñado de implicaciones estúpidas y machistas; específicamente androcentristas, si vamos a concretar. Algunos se toman esa frase de que el hombre es la medida de todas las cosas un poco al pie de la letra, ya sabéis.

Para empezar, está esa noción implícita de que si eres amable con una chica, esta te debe algo. Ya sabes: si la escuchas cuando tiene problemas (con ese chico al que no le hace friendzoning, por ejemplo), si la invitas a algo, si la ayudas con lo que sea... Lo mínimo es que se enrolle contigo, ¿no? Pues resulta que no. ¿Hay alguna norma por la cual las chicas deben ofrecer sexo a los chicos que las tratan bien y yo no me había enterado? La realidad es que una chica, o cualquier persona con la que te muestres atento, no te debe nada.  Nadie está moralmente obligado a acostarse o salir con nadie, por muy bien que te hayas portado con esa persona ni muchas copas a las que les hayas invitado.

La muy cabrona se negó a corresponderle. Muy fuerte.

Por otro lado, está el tema del androcentrismo del que hablaba antes. En estas situaciones que plantean los memes, parece insinuarse que este fenómeno se da particularmente entre las mujeres respecto a los hombres; vamos, que son ellas las que principalmente hacen friendzoning a los hombres. Sin embargo, lamentablemente lo de que a Fulanito/a, esa persona por la que suspiras, no le atraigas nada de nada, es una experiencia prácticamente universal. Y tampoco es exclusiva de personas heterosexuales, déjame añadir. Esta concepción de que son sobre todo las chicas las que se lo hacen a los chicos trae consigo su pequeño cargamento de implicaciones machistas, como que las chicas son manipuladoras y desagradecidas con los hombres, y que los hombres están dispuestos a tirarse a la primera que les diga sí. Aunque luego, tiene gracia, en estos chistes ella siempre es prácticamente una diosa y él un tipo normal; vamos, que nunca me encuentro con chistes en los que el chico esté tratando de ligar con una chica normal y corriente. ¿Por qué se enrabietan tanto estos chicos de los memes de que esas buenorras no les correspondan a ellos, con un físico más normal, cuando ellos mismos sólo la están eligiendo a ella por su físico?

Muchos memes resaltan además el hecho de que el chico en cuestión sea dulce, cariñoso, amable, escuche a la chica o le haya hecho un gran favor... Y ella pese a todo le dice que sólo le ve como un amigo. La implicación es que a ti, que eres super majo y buen tío, te rechaza la muy cabrona (y seguro que luego querrá liarse con un chungo). Pero, ¿se puede hablar de verdadera amabilidad o simpatía cuando esas actitudes no son más que tácticas para conseguir a una persona? ¿Es verdaderamente tan buen tío alguien a quien le aburren tus problemas pero sólo finge que te escucha y le importas porque quiere acostarse contigo? Desde alguien así muy buen partido no parece.


La atracción es algo incontrolable y completamente libre, chicos. A veces, a base de ser amable y estar siempre ahí para esa persona que tanto te gusta, es posible que la acabes conquistando. Pero también es perfectamente posible que no consigas nada, porque esto no es un videojuego donde sumar puntos, y nadie tiene la culpa de no corresponderte como tú querrías. Búscate a una persona con la que conectes de verdad, una persona a la que le interesen las mismas cosas que a ti, y no trates de fingir falsas e interesadas amistades cuando lo único que desees con alguien sea tirártelo/a.

Y si lo haces y esa persona te dice la famosa frase de que sólo quiere ser tu amigo/a, déjate de hablar de friendzoning y demás excusas y entiende que el resto de las personas del mundo tienen sus propios deseos y motivaciones y no están ahí para cumplir los tuyos. 

¿Y si te dijera que el friendzoning es una gilipollez, porque las chicas no son tragaperras a las que les metes amabilidad hasta que te toca el sexo?